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La Directiva Hábitats exige a los Estados de la Unión Europea la evaluación del “estado de conservación” de los hábitats de interés comunitario - entre ellos obviamente los bosques.

Los rodales maduros son una referencia básica para evaluar el estado de conservación: son representantes del tipo de estructura y función de los bosques en fases avanzadas del ciclo silvogenético, en ausencia de perturbación humana; son el estado al que en principio llegaría un bosque sin intervención ni perturbaciones naturales de intensidad moderada o alta.

Se considera que para que un hábitat forestal se encuentre en su conjunto en un “estado de conservación favorable”, debería contener en su área de distribución una representación de las diferentes etapas del ciclo forestal (y de la biodiversidad asociada a ellos), y por tanto una cierta superficie de rodales maduros o viejos suficiente y estable.

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