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Los bosques maduros son más diversos en composición de especies y más heterogéneos en su estructura. Por este motivo son más resilientes (tienen una mayor capacidad de recuperarse tras perturbaciones), entre ellas se les otorga una mayor capacidad de adaptación al cambio climático, a los incendios o a las plagas. Además, al tener una gran proporción de grandes árboles muy longevos, mantienen el carbono fuera de la atmósfera durante largos periodos de tiempo, pudiendo ser importantes depósitos de carbono.

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