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La identificación de las características y procesos propios de las etapas maduras del bosque (como la presencia de grandes árboles, de madera muerta, de una estructura vertical y horizontal  complejas), y su relación con valores que interesan al gestor (como son la biodiversidad, la resiliencia a las perturbaciones, el almacenamiento de carbono, etc.) son de gran interés para la investigación y para la selvicultura.

Los bosques maduros aportan referencias para una selvicultura que imite los procesos naturales y permita incrementar el valor de los montes en explotación, añadiendo a la madera otros valores muy apreciados por la sociedad. Por ejemplo puede aprenderse de los rodales maduros la duración de las distintas etapas del ciclo silvogenético en los distintos tipos de hábitats mediterráneos y climas, el papel de los bosques como sumideros de carbono y su variación con la edad, la proporción de grandes árboles necesaria para mantener poblaciones estables de ciertas especies de fauna y flora de interés y qué características deben tener estos pies para que sean refugio y alimento de estas especies, la cantidad de madera muerta en pie y en el suelo y el tamaño necesario  para mantener una comunidad estable de fauna saproxílica, las características y cantidad de pies muertos y de madera muerta en descomposición necesarias para incrementar la biodiversidad de ciertos grupos de especies amenazadas.

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