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Las fases de madurez y senescencia se alcanzan en ausencia de aprovechamiento. De hecho, los rodales maduros actualmente existentes, generalmente corresponden con zonas remotas o abruptas, que no se aprovechan desde hace mucho tiempo por no ser rentable hacerlo. En la mayor parte de los casos su identificación no supone cambiar su gestión, sino más bien mantener la existente.

Destinar estas zonas de alta naturalidad a evolución natural, sin practicar en ellas cortas de madera o leñas, y manteniéndolas libres de cualquier impacto humano, debe llevar a la recuperación de los atributos y los procesos que caracterizan a los bosques maduros, si bien este es un proceso lento y aún poco conocido.

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