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En los rodales viejos, en los que se han alcanzado todos los atributos de la madurez y senescencia, no es preciso intervenir de forma activa. En los demás bosques incluso en montes dedicados a la producción de recursos, puede ser aconsejable realizar una gestión activa que consiga restablecer ciertas características de los rodales maduros de una forma más rápida que la dinámica natural.

Sin embargo, la intervención activa en un bosque maduro o en vías de madurez debe estar muy bien justificada. Como norma general se considera preferible (y más eficiente) dejar operar a los procesos naturales, aunque algunos puedan parecer lentos a escala humana. Bajo ciertas condiciones puede estar justificado actuar para acelerar alguno de estos procesos; por ejemplo la necesidad de mejorar las poblaciones de ciertas especies amenazadas (como los coleópteros saproxílicos) puede aconsejar acciones puntuales para incrementar la madera muerta; o una escasa regeneración puede aconsejar la apertura de claros si estos no existen de forma natural.

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