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Como norma general, en los rodales viejos y maduros la gestión debe dirigirse al seguimiento del estado de conservación y a la reducción de las amenazas o factores de estrés, evitando intervenir sobre el rodal. En algunos casos concretos, en rodales en proceso de maduración, puede ser aconsejable la intervención para alcanzar objetivos de conservación que deben ser explícitos, por ejemplo mejorar el estado de poblaciones de especies amenazadas propias de los bosques viejos, induciendo mediante la gestión los atributos de madurez necesarios (p. el incremento de madera muerta, apertura de claros)

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